24 enero, 2008
04 enero, 2008
2
Caminaban juntos por una de las calles principales de el pequeño pueblo, era un camino con una pendiente poco empinada, si de va despacio. Habían terminado de tomar un mate caliente y desde que el niño que atendía el pequeño local recogió el plato de cerámica que llevaba el dinero, la propina y el ticket por consumo no habían vuelto a hablar.
Era un silencio bastante ligero, solamente ellos lo notaron cuando Raquel tosió. Alejandro la miro con calma, su cabeza giró tan lento que para cuando la vió ella ya había dejado de toser y parecía nunca haberlo hecho, seguía mirando de frente, mirando nada, con la mente muy lejos. El trato de buscar al frente, hasta donde la vista da, aquella “nada” que Raquel miraba, la volvió a ver y esta vez le sonrió. Ella lo miró ,coqueta, apenas girando la cabeza y recogiendo sutilmente los hombros, sonriendo también. -Oh! Cuanto se amaban-
El la abrazo por la cintura y mientras caminaban, la apretó muy despacio a su propio cuerpo, ella puso la mano que le quedó entre los dos sobre la que la rodeaba, así los dos la abrazaban, cada uno puso las manos de los extremos en el bolsillo de su propio pantalón. Ya esta!, otra vez eran ese extraño ser deforme, criatura de dos cabezas… “Eso” que llega a fusionarse cuando duermen juntos, que se parece algo a un tronco de árbol. Es perfecto, el ser mutante camina con gracia.
La calle iba a terminar cuando Alejandro decide fumar un cigarrillo, la criatura sobrepara, una parte de su cuerpo se va, torpe tropieza, regresa, aparecen manos donde no había, son cuatro, hay desorden, el cuerpo se abre brusco, se separa, las cabezas giran, quieren mirar al frente, pero se miran entre ellas, Raquel se muerde los labios, el busca ansioso en cada uno de los bolsillos de su propio cuerpo el paquete de cigarrillos, las cuatro manos humedas se van secando.
Han vuelto a ser dos.
Raquel lo mira prender su cigarrillo, con atención, cuidando que todo sea bien, que el lo haga como siempre lo suele hacer, vuelve a meter ambas manos en el pantalon, una de ellas empieza a jugar con una moneda, como siempre debe haber algun rostro de perfil en ella, alguien que no fuma cigarrillos seguramente, alquien que solo mira al frente. Alejandro aspira el humo, la mira, sonríe y levantando el mentón hacia la izquierda bota el humo sin dejar de mirarla, sonríe, ella sonríe también. –Oh! Que extraño idioma manejan-
Vuelven a caminar en silencio, esta vez tomados de la mano, ella mirando de frente, jugando con la moneda en el bolsillo del pantalon, con la mente viajando lejos donde se quedo antes de la torpe separación. El mirando de frente, buscando alguna “nada” que poder mirar para no sentirse solo en el pequeño pueblo.
Era un silencio bastante ligero, solamente ellos lo notaron cuando Raquel tosió. Alejandro la miro con calma, su cabeza giró tan lento que para cuando la vió ella ya había dejado de toser y parecía nunca haberlo hecho, seguía mirando de frente, mirando nada, con la mente muy lejos. El trato de buscar al frente, hasta donde la vista da, aquella “nada” que Raquel miraba, la volvió a ver y esta vez le sonrió. Ella lo miró ,coqueta, apenas girando la cabeza y recogiendo sutilmente los hombros, sonriendo también. -Oh! Cuanto se amaban-
El la abrazo por la cintura y mientras caminaban, la apretó muy despacio a su propio cuerpo, ella puso la mano que le quedó entre los dos sobre la que la rodeaba, así los dos la abrazaban, cada uno puso las manos de los extremos en el bolsillo de su propio pantalón. Ya esta!, otra vez eran ese extraño ser deforme, criatura de dos cabezas… “Eso” que llega a fusionarse cuando duermen juntos, que se parece algo a un tronco de árbol. Es perfecto, el ser mutante camina con gracia.
La calle iba a terminar cuando Alejandro decide fumar un cigarrillo, la criatura sobrepara, una parte de su cuerpo se va, torpe tropieza, regresa, aparecen manos donde no había, son cuatro, hay desorden, el cuerpo se abre brusco, se separa, las cabezas giran, quieren mirar al frente, pero se miran entre ellas, Raquel se muerde los labios, el busca ansioso en cada uno de los bolsillos de su propio cuerpo el paquete de cigarrillos, las cuatro manos humedas se van secando.
Han vuelto a ser dos.
Raquel lo mira prender su cigarrillo, con atención, cuidando que todo sea bien, que el lo haga como siempre lo suele hacer, vuelve a meter ambas manos en el pantalon, una de ellas empieza a jugar con una moneda, como siempre debe haber algun rostro de perfil en ella, alguien que no fuma cigarrillos seguramente, alquien que solo mira al frente. Alejandro aspira el humo, la mira, sonríe y levantando el mentón hacia la izquierda bota el humo sin dejar de mirarla, sonríe, ella sonríe también. –Oh! Que extraño idioma manejan-
Vuelven a caminar en silencio, esta vez tomados de la mano, ella mirando de frente, jugando con la moneda en el bolsillo del pantalon, con la mente viajando lejos donde se quedo antes de la torpe separación. El mirando de frente, buscando alguna “nada” que poder mirar para no sentirse solo en el pequeño pueblo.
29 diciembre, 2007
1
Era el 4to día que pasaba en la capital, despertó tarde, bueno tarde para alguien que labora de lunes a viernes, tal vez, despertó cuando una de las mucamas del hotel empezó a aspirar la habitación, no la sintió entrar, era como si siempre hubiese estado allí. Abrió los ojos muy despacio, estiró los dedos de las manos como si fueran la única parte de su cuerpo capaz de moverse.
No le sorprendió que la mujer hubiera entrado sin tocar, eso estaba en duda aún, tal vez solo apareció allí o siempre estubo y es parte de la habitación.
Raquel estaba semidesnuda sobre la cama, una de sus piernas colgaba, descubierta, del borde de la cama, larga, muy larga, hasta que su dedo pulgar era capaz de rozar el parquet, solo entonces terminaba.
-! Dios mío! Pensaba. –Tal vez soy un cadáver, tal vez el hotel es tan malo que aqui ya nadie respeta el intento de privacidad que pago por 15 dólares la noche, pero si fuese un hotel tan malo entonces no limpiarían el cuarto diariamente…
La mujer que hacia la limpieza era una morena, mujer negra de unos 55 años o más, llevaba una falda celeste muy ceñida que cubría sus piernas y solo dejaba ver un par de gruesas pantorrillas, negras también, medias blancas y zapatillas para correr, parece necesario si regresas a casa muy de noche y te toca estar sola en una calle cuando notas que alguien te venia siguiendo 10 cuadras atrás. Sobre el uniforme, típico de una mucama, vestía un polo amarillo con la propaganda de alguna radio local, tenia audífonos sobre las orejas, eran de un naranja fosforescente conectados a un mp3 que llevaba sujeto al brazo izquierdo, parecía uno de esos aparatos para medir la presión.
Raquel seguía tendida sobre la cama del hotel, sintiéndose un cadáver y contemplando a la mujer negra que aspiraba moviéndose sin ningún tipo de gracia. La imaginó madre, lavando ropa en alguna azotea de un barrio pobre de esa extraña ciudad, discutiendo con una hija que lucia también negra pero delgada. Era tosca, se movía brusca, levantaba cada punta del edredón y lo tiraba sobre la cama, sobre Raquel, solo cuando estuvo a punto de recoger el pie que rozaba el parquet Raquel grito y con un solo movimiento parecido al dolor se puso en cuclillas con la espalda hacia la pared abrazando ambas piernas recogidas sobre su pecho. No fue el grito sino todo el movimiento absurdo de las sabanas lo que hizo que la mujer se sobresaltase, como si hubiera visto un cadáver por primera vez, fué un susto mudo, abrió la boca inmensa pero ningún sonido salio de allí. Raquel sonrió nerviosa y la mujer después de algunos segundos cerró la boca y sonrió aún con la boca cerrada, apenada, se disculpó en el idioma extraño y salió de la habitación caminando de espaldas hacia la puerta, sin quitar los ojos de Raquel.
-! Dios mío! Pensaba. –Tal vez soy un cadáver, tal vez el hotel es tan malo que aqui ya nadie respeta el intento de privacidad que pago por 15 dólares la noche, pero si fuese un hotel tan malo entonces no limpiarían el cuarto diariamente…
La mujer que hacia la limpieza era una morena, mujer negra de unos 55 años o más, llevaba una falda celeste muy ceñida que cubría sus piernas y solo dejaba ver un par de gruesas pantorrillas, negras también, medias blancas y zapatillas para correr, parece necesario si regresas a casa muy de noche y te toca estar sola en una calle cuando notas que alguien te venia siguiendo 10 cuadras atrás. Sobre el uniforme, típico de una mucama, vestía un polo amarillo con la propaganda de alguna radio local, tenia audífonos sobre las orejas, eran de un naranja fosforescente conectados a un mp3 que llevaba sujeto al brazo izquierdo, parecía uno de esos aparatos para medir la presión.
Raquel seguía tendida sobre la cama del hotel, sintiéndose un cadáver y contemplando a la mujer negra que aspiraba moviéndose sin ningún tipo de gracia. La imaginó madre, lavando ropa en alguna azotea de un barrio pobre de esa extraña ciudad, discutiendo con una hija que lucia también negra pero delgada. Era tosca, se movía brusca, levantaba cada punta del edredón y lo tiraba sobre la cama, sobre Raquel, solo cuando estuvo a punto de recoger el pie que rozaba el parquet Raquel grito y con un solo movimiento parecido al dolor se puso en cuclillas con la espalda hacia la pared abrazando ambas piernas recogidas sobre su pecho. No fue el grito sino todo el movimiento absurdo de las sabanas lo que hizo que la mujer se sobresaltase, como si hubiera visto un cadáver por primera vez, fué un susto mudo, abrió la boca inmensa pero ningún sonido salio de allí. Raquel sonrió nerviosa y la mujer después de algunos segundos cerró la boca y sonrió aún con la boca cerrada, apenada, se disculpó en el idioma extraño y salió de la habitación caminando de espaldas hacia la puerta, sin quitar los ojos de Raquel.
27 diciembre, 2007
Me enamore de ti...
25 diciembre, 2007
24 diciembre, 2007
El Salmon
Viajaria cientos, milles de kilometros, solo para llegar en ti.
Terminar en ti.
Poseerte a ti.
Como un salmon en busca de sexo.

Terminar en ti.
Poseerte a ti.
Como un salmon en busca de sexo.

19 diciembre, 2007
The side of the cathedral
Cochabamba's God
Sí, es impresionante, no hay remedio.
Pero me quedo la duda... si fue verla lo que más me conmovió, o fue verme contemplarla.
Debiste tomar mi mano en ese instante!...
Cuan "mágica" hubiera sido toda esa religiosidad.
Mecánica
Es ese hombre ...
totalmente desconocido, que un día se sento a mi lado,
tenia la piel muy aspera, y los dientes podridos.
Olia a metales y sonaba como "a viejo",
parece que viajaba contento, pero era aspero
era sucio.
Me dió ganas de besarlo, pero estaba frio.
Me quede mirandolo...
y él de rato en rato me rozaba.
totalmente desconocido, que un día se sento a mi lado,
tenia la piel muy aspera, y los dientes podridos.
Olia a metales y sonaba como "a viejo",
parece que viajaba contento, pero era aspero
era sucio.
Me dió ganas de besarlo, pero estaba frio.
Me quede mirandolo...
y él de rato en rato me rozaba.
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